1.
Peligro por negligencia: Se habla de este tipo de problema cuando algún menor sufre una negligencia por parte de los padres o cuidadores, de forma reiterada. Ello puede tener que ver con la ropa, la alimentación, la falta de orientación, etc. En este caso, puede que el problema no sea grave, pues no se debe al estrés o a la falta de autocontrol de los padres, sino simplemente a una imprudencia. No obstante, tal y como señala
Healthy Children, puede traer consecuencias graves.
2.
Abuso psicológico de menores: Una situación así se da cuando un adulto desprecia o ridiculiza de forma reiterada a un menor. Podemos observarlo cuando los padres o tutores
son irracionalmente exigentes o críticos con los hijos. Si esta conducta es reiterada, el niño puede ver seriamente dañada su autoestima y sus habilidades sociales. En casos muy graves, los niños llegarán a la automutilación y a pensar en el suicidio. Normalmente, los padres que caen en esa práctica
lo hacen sin ser conscientes del daño que sufre el hijo, ya que ellos mismos suelen haber crecido en entornos similares.
3.
Violencia física contra menores: En muchos casos se trata de
conflictos heredados (el padre o la madre ya los sufrían). Otras causas pueden ser el alcohol, las drogas u otras adicciones, ya que son problemas recurrentes en más de un hogar. Muchas veces se trata de
pérdidas de control reiteradas de los padres hacia los hijos. Ante un caso así, si tenemos conocimiento de qué sucede,
estamos obligados a denunciarlo a la correspondiente autoridad y a implicarnos. Debemos tener en cuenta en todo momento que
posiblemente los servicios sociales puedan ayudar al menor.